¿Jugamos papá?

 

Hoy en día vivimos en un mundo donde la tecnología florece por cualquier recoveco. Los dispositivos tecnológicos han invadido nuestras vidas hasta tal punto que podríamos decir que se han convertido en nuestros propios apéndices, prolongaciones de nuestro cuerpo y nuestra mente de tal manera que sin ellos la vida se nos haría más difícil. Esto no deja de ser una paradoja, pues debemos exigirle a nuestro cerebro que resuelva desafíos cada vez más complejos para, teóricamente, hacernos la vida más fácil.

Hemos visto como los móviles y las tabletas han pasado a ser unos miembros más de la familia, y con pleno derecho, además: nos acompañan en la mesa, sustituyendo conversaciones tan importantes como ¿qué tal ha ido el día? ¿sabes qué he aprendido hoy? ¿qué podemos organizar este fin de semana para pasar un buen rato? por otras del tipo ¿alguien sabe cómo puedo cambiar la foto del grupo de la aplicación de mensajería de turno? o «hoy no he podido subir ninguna foto porque me daba error, en twitter pone que ha sido una hecatombe mundial». O esos momentos en los que desconectarías lo que fuera por poder arañar unos miliamperios hora para tu exhausta batería o delegas la distracción de un retoño a estos objetos inanimados.

Ahora que se acerca el día del padre, toda publicidad que se cruce en tu camino ahí fuera intentará venderte las bondades de todos estos aparatos, que no negamos que las tengan, pero nosotros queremos ir más allá: volver a la esencia, a la complicidad, a la diversión compartida, porque si no es así creemos que es menos diversión, en definitiva, volver a lo humano.

¿Y si compartes tu tiempo con él? Una mesa, móviles fuera, la partida preparada y mientras le miras a los ojos le dices: ¿jugamos papá?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *